miércoles, marzo 19, 2008

Shanghai tiene Mogashan Lu y Beijing 798.



El concepto es el mismo, espacios que originariamente eran fábricas convertidos en espacios para el arte. Principalmente son artistas contemporáneos que modifican el espacio y lo transforman en sus estudios personales desde los que dan forma a su obra al mismo tiempo que la exhiben aunque también se cuelan algunas de las más prestigiosas galerías de arte de la ciudad.
Hablemos de 798.
El complejo artístico está situado en el área del Puente de Jiuxian e inicialmente fue una fábrica de componentes electrónicos de gran actividad que contribuyó al desarrollo industrial de China. Zhao Enlai sucedió a Mao y en colaboración con la Unión Soviética y Alemania de Este realizó una serie de proyectos con el fin de organizar la industrialización del país.
Del diseño se encargó una escuela alemana fuertemente influenciada por las técnicas y el estilo práctico de la Bauhaus que arriesgó en la utilización de nuevos materiales y nuevos diseños simples y estructurales donde la versatilidad del espacio es una ventaja para la funcionalidad del área.
En 2002 este espacio abandonó su naturaleza primaria para convertirse en nido de ideas. Muchos artistas vieron en este espacio el lugar perfecto para trabajar y mostrar su obra sin necesidad de intermedio y cual bola de nieve que crece mientras ruedan por la montaña, nació el lugar para la expresión artística.




Escribo desde un key board ingles, perdon por no acentuar las palabras
Y de mi primera visita, que no sera la unica ni la ultima a 798 escojo dos artistas.

Melodia es la obra de Chen Xin Mao. La tinta fluye sobre el papel, los azules detienen el tiempo en el algo o la nada, no importa porque no tiene forma y no se la daras tu ni yo...Es mera abstraccion, poesia de tinta que mancha y se diluye a la par que toco las cuerdas de mi guitarras.




Zhang Jie se autorretrata en su obra. Se desnuda ante el lienzo para calcar su energia, a veces tensa, otras melancolica. Se enfrenta a su yo. Contorsiona la forma natural del cuerpo, no abruptamente sino con serenidad, sin miedo a conocerse. O tal vez haya a una desconocida que cubre de un suave halo color azul.






Gustar o no gustar, e ahi la cuestion



Aún no he hablado de lo poco que me gusta Beijing. No se muy bien por qué. Me refiero al motivo de mi desencanto hacia/con la ciudad casi desde que llegué.
El triste rechazo me pareció un prejuicio tal vez consecuencia del hechizo que Shangai ejerció sobre mí.
Sea como sea, dos meses en la ciudad, son suficientes para establecer una opinión fundamentada y una crítica constructiva. Y a eso que voy.
No me gusta Beijing porque es descolorida, es gris y mustia, no tiene vida. Los árboles no son verdes y frondosos sino esqueletos de ramas marrones; el cielo no es azul sino gris; su aroma es turbio; sus gentes confusas y desordenadas, almas desorientadas que vagan persiguiendo a saber que rumbo.
De Beijing no me gustan sus anillos: carreteras circulares concéntricas que rodean la ciudad desde el centro hacia el exterior. Un excalestri que sólo crea confusión, caos y un tráfico pesado que ni al anochecer se desvanece. Los cinco (que no son ni dos ni tres), son vías con coches apiñados que entran y salen, que se enredan hasta formar un nudo que aún desconozco desde donde y hacia donde se atan sus cuerdas porque ignoro la salida o entrada de este laberinto circular que sólo sirve al anochecer como crucero terrestre del skyline pekinés. Se me ocurre, así, de repente, una nueva atracción turística comparable con los paseos en triciclo por los hu tong: paseo en taxi por los anillos para disfrute de los brillos y novísimas proyecciones de edificios de la ciudad, absténganse apresurados del volante.
Y tanto anillo convierte a la ciudad en un conjunto de rosquillas asimétricas, cada cual con un perímetro más grande donde el centro nuclear es la majestuosa Plaza de Tian´men enfrentada con Ciudad Prohibida. Dos ejemplos de arquitectura imperial, la primera de la época de Mao Zedong, en 1952 y la segunda de las dinastías Ming y Ping construida entre 1406-20. Y he aquí, en centro neurológico de la ciudad donde colosos de cemento albergan en su interior despachos políticos y lo relativo al Partido Comunista Chino. Y aquí está el centro de la ciudad.
La arquitectura de la ciudad, dicen que está pensada para comodidad de la ciudadanos. No en vano es una capital en desarrollo. Si en Shanghai creía ver una ciudad en desarrollo, me equivoqué. Beijing se crea a día de hoy, en 2008 son muchas las casas que se han derribado y tras retirar los escombros, desolados y tristes solares son el paisaje de la ciudad. Quizá sea un cruel símil pero recuerda a un campo de combate tras la batalla donde la huella de los tanques reduce el paisaje a la nada. Pero, en este campo no se libra más guerra que la del desarrollo, a costa de lo que sea: polución, movimientos migratorios, transformación del paisaje natural…todo vale, como a veces se dice. Y eso no me gusta, aunque sea un comentario vanidoso. Y por eso no me gusta Beijing.
Porque no ha llovido en dos meses, no ha caído ni una pizca de agua y el aire pesa, se respira escombro. Porque al llegar a casa mis uñas están ennegrecidas sin haber tocado tierra. Porque la piel se seca y la garganta se atraganta. Porque las carreteras están cubiertas de una masa de polvo que con el viento golpea tu cuerpo, tu cara hasta encontrar tus ojos.
No me gusta Fangshan, el suburbio en el que vivo porque no está en el centro de la ciudad, sea cual sea. Porque no hay metro y el 616, el autobús que baja a Beijing siempre es una lata de sardina convertida en selva donde la ley son empujones y carreras, ya no para sentarte sino para que, durante la hora más larga del día, consigas más apoyo que el hombro de algún desconocido. Y sólo apuntar que el intervalo de tiempo entre los autobuses es de cinco minutos, y aún así me pregunto de dónde sale tanta gente.
Y sobre todo, no me gusta quejarme!!!

miércoles, febrero 27, 2008

Bienvenida la rata

Mi experiencia sobre territorio chino no abarca mucho en extensión ya que sólo he vivido en el sureste del país en la provincia de Zhejian donde incluyo la ciudad de SHanghai. Desde la metrópoli me moví hacia otras pequeñas ciudades como Hangzhou, Suzhou, Nanjing, Xian…. Viajé hasta la antigua colonia inglesa, Hong Kong en la provincia de Guang Dong. Y ahora me encuentro en el noreste del país en la Beijing.
Bueno no precisamente en la ciudad de Beijing sino en el distrito de Fen Shang que se encuentra a una hora y media en autobús de la capital china.
Y como decía aunque territorio me queda mucho por explorar, puedo afirmar que a lo que a la línea temporal se refiere he vivido durante casi todos los meses del año en el país y eso incluye los tres grandes periodos estivales de la nación: el festival de octubre, el año nuevo y la fiesta de mayo.
Los chinos, currantes como nadie que al primer halo del alba desempolvan sus utensilios y montan sus estantes de comida, ejercitan sus músculos en parques y hacen rodar la maquinaria nacional, durante estas fechas, se paralizan.
Los de fuera vuelven a sus hogares, las casas se limpian y en las casas, purificadas se reúnen para cocinar baozi. Si aún no lo había mencionado, la comida está necesariamente ligada a la vida nacional. Todo es comida y bicicleta.
Pues a lo que iba. Se ha estrenado el año de la rata. Los nacidos bajo el influjo de este animal están caracterizados como inseguros, generosos, perezosos y sociales.
Este invierno está siendo el más frío. No se recuerdan temperaturas tan gélidas en 50 años y consecuentemente muchas de las vías de comunicación del país se han visto colapsadas y medio país se ha paralizado. En Shanghai nevó y en Beijing la media diurna fue de -10.
Y todo se cierra. Algunos de los servicios públicos se minimiza y el ritmo frenético de la nación se suspende. Los restaurantes, establecimientos de venta de bienes de consumo como tabaco o comida se cierran. A nadie le sorprende este comportamiento por lo que los días que preceden a la gran fiestas, se forman grandes colas y el ya de por sí tumulto de gente se multiplica.
Toda esta gente que por delante tiene tres días oficiales de stop, celebran su descanso lanzando fuegos artificiales o artificios de fogueo. El estruendo de las Fallas es poco comparable al rugido que envuelve durante estas fechas a todos los rincones de China. Aunque tres son los días oficiales de descanso, la celebración del Año Nuevo se alarga durante 20 días durante los cuales los fogueos se apoderan de las aceras y por la noche las luces de colores dominan la penumbra de la oscuridad.
Y el otro pasatiempo son las ferias. Todo pueblo que se precie tiene su feria anual en la que los gitanos inundan con sus caravanas las plazas mayores y en cuestión de horas montan atracciones de ocio. Pulpos, camas elásticas, tiro de escopeta, tómbolas, circos ambulantes…pues en Beijing el parque más amplio en extensión que hay en el centro de la ciudad alberga la más colorida y concurrida feria que jamás he visto.
Millones de familias, lo técnico sería decir que pasean sino fuera porque es imposible con la cantidad de cuerpos que se amontonan por metro cuadrado, lo específico es decir que se esquivan, se golpean mientras sus piernas intentan realizar ese movimiento mecánico que consiste en caminar.
El fin es adquirir alguna ruidosa traca, o comprar alguno de los singulares sombreros que cuelgan de los barrotes de hierro de algún puesto, regalar una flor o como no, comer alguna rareza culinaria de alguna provincia remota del país. Tiburón, escarabajo o pequeños pajaritos fritos son alguno de los manjares que se ofertan en el corredor culinario.
Y para quitar el apetito se puede presenciar el espectáculo de encantamiento de reptiles, con la mujer bicefálica….Como se dice el show acaba de comenzar!!!!!!!!!

viernes, febrero 08, 2008

TIAN´AN MEN


Plaza de Tian´anmen (Puerta al cielo)
Blood debts must be repaired in kind no longer the delay, the greater the interest.
(Lu Xun escritos tras la massacre de de 1928)

Chinese story is about to turn a new page. Tian´men Square is ours, the people’s and we will not allow butchers to tread on it. (WUer Kaxi, student may 1989).

Hablar de Beijing es hablar de la plaza de Tian´anmen. Ubicada en el centro de la ciudad abarca un área de 440 mil metros cuadrados y mide 880 metros de norte a sur y 500 metro de este a oeste. Al norte de la Plaza esta la Tribuna de Tian´anmen, en medio de ella, el Monumento a los héroes del Pueblo, en el sur el Salón Memorial de del Presidente Mao y más al sur la Puerta Zhengyang y la Torre de las Flechas. Todo este conjunto es la entrada principal a la ciudad imperial en la disnatías Ming y Ping. Aquí se celebró la ceremonia de la Proclamación de la República Popular China en 1949.

La historia de la plaza de Tianmen está repleta de conflictos. Se puede considerar que se diseñó como un espacio en el que las masas pudiesen declarar su lealtad y fidelidad hacia la causa de la nación, pero durante el siglo XX, la plaza se convirtió en el espacio predilecto por el pueblo para demostrar su disensión; al principio de siglo contra la ocupación extranjera y al final del siglo contra las políticas nacionales.
El tratado de Versalles fue el detonante de la primera de las revueltas. En mayo de 1919 más de 3.000 estudiantes se reunieron en la plaza con el fin de protestar ante los términos del tratado que ponía fin a la I Guerra Mundial. EN virtud del armisticio los japoneses podrían ocupar las antiguas concesiones alemanas en China. La nación china que había participado en la guerra mediante el envío de ciento de miles de trabajadores que ocuparon el lugar de las tropas franceses e ingleses consideraba esta medida como un ultraje, una indignación.
Las protestas del 4 de mayo e 1919 marcaron el inicio de la dificultosa modernización de China. Durante los turbulentos años de 1920 la plaza de Beijing fue nuevamente ocupada en protesta a la masacre de Shanghai en manos de tropas inglesas. Posteriormente en 1926, una nueva protesta en contra de la débil respuesta del gobierno chino tras la derrota japonesa. Todas las manifestaciones del pueblo para demostrar su desencanto político fueron fustigadas mediante el uso de fuego.
En 1976 tras la muerte del primer ministro chino, Zhou Enlai miles de seguidores se reunieron sin aprobación del gobierno en la plaza desde donde proclamaron la democracia y la libertad artística en el país. Pintadas sobre las milenarias paredes de la Ciudad Prohibida gritaban Democracia.
Diez años después en 1986, nuevamente miles de personas se reunieron en la plaza para demostrar su apoyo a los estudiantes y demás grupos que exigían al Partido el derecho a celebrar elecciones democráticas. Este actuación fue la semilla que germinó con los movimientos de 1989, desgraciadamente conocidos como la masacre de Tian´anmen. Durante los meses de mayo y julio miles de personas se reunieron en la plaza para reclamar más rapidez en las reformas políticas y protestar contra la lacra de falta de libertad y corrupción en la que estaba sumida el país.
Frente a la tumba de Mao se esculpió una Diosa de la libertad que portaba una antorcha y se convirtió en el símbolo de la revolución.
El miedo del gobierno a ser humillado por su propio pueblo le forzó a declarar la ley martial el 20 de junio de 1989. Los tanques comenzaron a cubrir las calles y los disparos en el cántico del paseíllo.
Nunca sabremos cuantos inocentes fueron asesinados. Aún hoy cientos de personas continúan encarceladas. Y sus preocupaciones, aún siguen sin arreglarles.
La historia es caprichosa, y la Plaza de Tian´anmen, es hoy por hoy lugar de peregrinajes. Aquellos que acuden a la tumba de Mao, a venerar su hazaña, y aquellos muchos otros que postran flores frente al monumento levantados en memoria de los caídos en la masacre, el obelisco de 33 metros de altura. Sea como sea, no se respira tranquilidad, mucha sangre ha sido derramada sobre ese cuadrado.

ARRIVÉ A BEIJING



Me encuentro en Beijing. Congeladita. Vivo bajo una temperatura media de -10 grados Cº. Fue difícil cuando arrivé a la ciudad pero ahora que ya son dos semanitas y media mi cuerpo se ha acostumbrado y cubrirme con cinco mangas o cinco capas se ha convertido en un movimiento natural. Es el invierno más gélido de China en 50 años, y aquí estoy, a punto de despedir el año del cerdo y dale la bienvenida al año de la rata. La ciudad ruge. Cientos de ruidos de cohetes y fuegos artificiales son la banda sonora de la ciudad durante estos días.
La nieve y el viento han bloqueado las comunicaciones a lo largo del país, en Shanghai nieva, en el sur se congelan y yo aquí en el norte me visto como para esquiar.
Pero hablemos de Beijing: la capital de la República Popular China.
Beijing tiene una población 11,68 habitantes repartidos sobre 17 mil kilómetros cuadrados dividida en 18 barrios. Se conoce como una de las antiguas capitales chinas, con profundas raíces históricas y culturales. Fue nombrada capital durante el reinado de las Dinastías Jin (1115-1234), Yuan (1279-1368), Ming (1368-1644) y Qing ( 1644-1911). De ahí el amplio vastazo cultural que conserva, aún la ciudad. La Ciudad Prohibida, popular conjunto de palacios imperiales. La Gran Muralla, una de las ocho maravillas del mundo. El Templo del Cielo, uno de los mayores altares concedido como lugar de sacrificio. Las 13 Tumbas de Ming, gran necrópolis. Los suburbios de la ciudad, lejos de ser espacios olvidados que crecen a espaldas de la ciudad, son paisajes naturales, aldeas bucólicas, estanques y cascadas…Y hoy por hoy, Beijing por definición es ciudad en construcción. Cientos de esqueletos de hormigón se levantan en la ciudad que a golpe de derribamiento creando una enorme metrópoli moderna entre tanto recuerdo milenario. Ya no son palacios ni templos lo que los nuevos mandatarios de la ciudad construye, sino altos rascacielos que se convierten en nuevas puertas hacia el cielo.

lunes, mayo 07, 2007

Y qué es TOKYO

Comencemos por un pequeña introducción geográfica y política, sólo para ubicarnos y acercarnos vagamente a los orígenes de esta ciudad que aún no se cómo calificar, si ordenada o extrema, moderna o tradicional, complicada pero nunca simple o aburrida. Y es que ofrece todo y más: lo superllamativo, lo hipertrangresor, lo megatecnológico y sugiere profundidad, meditación y serenidad.
Sobre el este de la Isla de Japón cerca del Pacífico place la ciudad-capital. Suena a Samurais, a Geishas, a Emperadores, a Kimono, a Ryokan, a Sasimi, a Bushido, a Gotanda y a Shibuya, huele a Ciruelo y sabe a Sake.
La historia de Japón es contacto con otras culturas, la china y la coreana son la base de su pasado, y las relaciones con Occidente en el S XIX determinaron su carácter imperialista. Con la Restauración Meiji se inaugura una etapa de aperturismo territorial, industrial y del saber. Se enfrenta a China, a Manchuria y a EEUU. Sufre el bombardeo atómico y tras un periodo oscuro consigue recuperarse y prosperar convirtiéndose en una de las superpotencias mundiales.
Hoy Tokyo es una teleareaña de experiencias de la que cuelgan costumbres inverosímiles. Subirte en una montaña rusa instalada en el centro de la ciudad y ascender más allá de las azoteas de los edificios. Dormir en un hotel cápsula con espacio suficiente para tumbarte pero no para introducir tu equipaje. Pasear por Shibuya y clasificar las tribus que pasean rebuscando entre los mercados complementos con los que adornarse. Flipar con salas de juegos de tres pisos con máquinas que brillan y suenan en cada esquina. Observar desde la torre Rippongy la concentración de edificios y bloques de cemento. Sortear atunes y pulpos en el Mercado de Tsukijy. Y por supuesto, equivocarte de línea en el Metro.
Tokyo es grande. Al igual que su Metro que es enorme y por el subsuelo y la superficie circulan tres compañías ferroviarias distintas y se cruzan muchas líneas. Aunque no es barato es el modo más práctico de moverte por la ciudad y agudizar el sentido visual para ver no pasar de largo ante las indicaciones. No te extrañe si en tu intento de alcanzar la líneas tienes que atravesar centros comerciales, salir a la calle y distintos billetes dependiendo del número de compañías que operen para llegar hasta tu destino

4 Road Chome vacío


Muchos son los tópicos que describen a la ciudad de Tokyo: su admirable y moderna arquitectura, sus impolutas calles, la afabilidad y correción de sus gentes y como no la telearaña de líneas suburbanas. Aunque, de todos los tópicos, el más arraigado es la marea de gente que diariamente cruza la calle desde una esquina a la otra. Esta imagen filmada en tantos filmes ocurre en el distrito financiero y comercial de Ginza, sobre la 4 Chome intersección. Casualidades del momento, decidir viajar a Tokyo durante la Golden Week ofrece un paisaje distinto y opuesto, un paisaje insólito y poco frecuente en el que no hay almas que crucen ni empujadores que te impulsen hacia e interior del vagón.

martes, abril 17, 2007

Cómo ahorrar y gastar en Shanghai



La esquina donde Oriente abraza a Occidente

Cuando Deng Xiao Ping subió al poder tras muchos años de ostracismo maoísta, decidió que China debía “abrir las ventanas para que aire fresco pudiera entrar”. Desde que pronunció esas palabras hasta hoy han pasado casi tres décadas y de la China comunista de la Revolución Cultural quedan escasas huellas, que se borran cuando caminas por la ciudad de Shanghai.

Convertida en uno de los centros financieros y económicos más importantes a nivel mundial, en la Gran Shanghai, puedes evitar sentirte en Oriente, siempre y cuando tengas la cartera llena de billetes o por lo contrario, adaptarte al modo de vida, y vivir como si tu sueldo mensual fuese poco más de 100 euros.
Dinámica y cosmopolita la urbe crece vertiginosamente gracias a las turbias y transitadas aguas del río Huang Pu que dividen la ciudad en dos, Puxi y Pudong. En aquellos primeros años de esplendor shanghanianos, durante la primera década del siglo XX, los extranjeros que se asentaron sobre el bulevar que recorre el muelle peatonal al que pusieron el nombre de Bund pero los chinos llaman wai tan, sólo veían al oeste de sus aguas, fango. En esa zona pantanosa de la ciudad, en sólo quince años se ha levantado una urbe financiera plantada de rascacielos modernistas que superan los 200 metros de altura y aloja a casi dos millones de habitantes. Poco se parece a la herencia colonizadora de Puxi donde edificaciones bajas de estilo neoclásico y art decó muestra la riqueza e influencia cultural que vivió en Shanghai.
Alojarte en el hotel más alto del mundo y observar desde más de 400 metros de altura el skyline de Shanghai es uno de los atractivos que te brinda Pudong. La Torre Jin Mao se aligera en el piso 87 a través de un vacío central con forma cilíndrica que hasta la planta 53 rompe la monotonía de oficinas del inmueble para albergar el Gran Hotel Hyatt de cinco estrellas. Para una vista a pájaro de la ciudad, no es un mal comienzo una visita al bar Cloud 9 en el piso 87 del Hyatt y, aunque cuesta dar con el emplazamiento exacto ya que hay que recorrer varios pasillos hasta alcanzar el lounge-bar, una vez en su interior pareces haber alcanzado el cielo. Luces tenues, música delicada, sillas de cuero, servicio competente y cercado acristalado, si bien la obligación de gastarte al menos 140 RMB y 15% de servicio, (inusual en China) evita el gentío de quien sólo van a mirar y no a consumir, concediendo al bar un ambiente de hombre de negocios con gin tonic post reunión. Aunque, tal vez, la espesa neblina que, consecuencia de la contaminación envuelve a Shanghai, impida visualizar la superficie de bloques horizontales. Recuerdo que cuando llegue, en septiembre, a pesar del calor inaguantable y húmedo, el cielo, jamás era azul, siempre teñido de gris, el que sería el color de la ciudad sino fuera por las luces que diariamente engalanan los edificios hasta las casi medianoche.
A la otra vera del río Huang Pu, sobre la calle Fu zhou, se encuentra el Hostal Capitán. Aunque no de los más económicos un buen lugar donde pernoctar por un precio razonable en la ciudad. Simulando un barco de carga que surca las aguas del río, por 70 RMB compartes camarote y descansas sobre una litera. Subes a la cubierta y en el 5º piso está lo mejor del lugar. Una buhardilla al aire libre desde que, ahora son el Hyatt, la Torre de Oriente y el distrito de Lui Jia Zui lo que vislumbras, mientras el sol y una cierta calma consecuencia del vaivén de las aguas del río parecen trasladarte a cualquier chiringuito del sur de España.
Pero si realmente busca experiencia china, donde la comunicación suponga cierto juego de mímica y estés en el corazón de Shanghai pagando por una cama poco más de tres 35 RMB la noche, entonces el sitio es el Hostal Ming Town Etour, situado en la Jiangjing Lu, sólo a cinco minutos de la Plaza del Pueblo. Aunque la fachada, con un cartel luminoso en tonos azules que te ubica, está deteriorada, arcaica y un tanto ruinosa, el interior es confortable, incluye aire acondicionado en el dormitorio, una sala con acceso a Internet y una mesa de billar.
Pasear por las bulliciosas calles de Shanghai es el único modo de impregnarse del olor de la ciudad, del ruido de las bocinas de los coches y motocicletas, en definitiva, del caos que supone la vida con catorce almas que a diario hormiguean por la ciudad.
Desde La Plaza del Pueblo donde en otro tiempo anterior a la Revolución Cultural de Mao se disfrutó de las carreras de caballos sobre el hipódromo, prohibidas por el régimen por su carácter de pasatiempo frívolo, existen dos alternativas para bajar al muelle. La primera de ellas, si cabe la más agitada y escandalosa pero a la vez más vivaz, y que es representativa de la transformación de la ciudad en los últimos años es bajar hacia el sur por Nanjing Lu. Al anochecer, sus luces de neón se convierten en la estela de miles de almas que, influenciados por grandes carteles de colores que golpean al unísono del rozamiento de las máquinas contadoras de billetes de 100 RMB, vacían sus bolsillos entre boutiques internacionales de moda, departamentos comerciales, puestos de seda, tiendas de té, café y multinacionales de comida rápida al estilo occidental hasta, alcanzar el malecón y toparse con la arquitectura colonial de aquel primer esplendor de la ciudad.
La otra es deambular por Fu Zhou Lu donde un enjambre de casitas bajas de donde en vez de rótulos de neón y pantallas se cuelgan ropas y sábanas, y en vez de pararte frente a escaparates puedes visitar la librería más grande de Shanghai y sentarte sobre las escaleras mientras ojeas planos antiguos de la ciudad y confirmas el vertiginoso desarrollo de la metrópoli.
Donde antes se reunían hombres de negocios que jugaban al polo y al tenis mientras la otra realidad china eran los fumaderos de opio y un mundo de oscuro donde los gánsters hacían contrabando con mujeres, ahora se levantan complejos de los más chic y moderno. En Guan Dong Lu 17, una antigua casa de 1908 reconstruida por el arquitecto Michael Graves, está el conjunto de restaurantes de 3 on The Bund, exponente de lo que no es China en Shanghai. El tercer piso alberga la Galería de Arte Shanghai, un espacio de diáfano y amplio donde se exhiben trabajos en su mayoría de artistas chinos contemporáneos. En el cuarto piso JG, del chef francés Jean-Georges sirve comida francesa contemporánea; en el sexto Laris ofrece todo tipo de mariscos importados bajo el mando del chef australiano David Laris; subiendo hasta el Whampoa Club, el chef Jereme Leung, interpreta nuevas delicatessen al estilo oriental, y el séptimo piso alberga la New Heighst, desde donde se disfruta otra bella vista de la ciudad cuando al atardecer, el horizonte se envuelve de destellos y luces. La exclusividad de la vista tiene un precio, el restaurante cuenta con dos cúpulas a modo de salones privados con mayordomo propio que si el gasto es elevado permite alquilar una estancia para dos personas, u otra mayor para seis, donde es habitual el cierre de negocios.
El Third Degree, un lounge más informal se encuentra en el último piso. Y después de comer, beber, y fumar, es tiempo para relajarse en las instalaciones de uno de los spas más elegantes y exquisitos de la ciudad, el Evian Spa. Si la frivolidad lo permite y la cartera no tiembla, en el bajo del edificio se aloja la casa de moda italiana Armani y, una de esas americanas, que dicen sienta como un guante, le harán sentirse como el protagonista de Misión Imposible III. Aunque cuando salga de ese paraíso se tope con cuatro mujeres y sus niños en brazos que suplican algo que comer, o algo que vestir y ya como un dandee bajando por la calle, suelte un “mei you”, no tengo.
A sólo unos pasos de 3 on the Bund, otro espacio M on the Bund (Guang Dong Lu 20), compite con contar con las despilfarradoras carteras y servir botellas Dom Perignon. En el 7º piso se encuentra el restaurante de comida europea y mediterránea conducido por Michelle Garnaut. En el sexto, Glamour Bar, un “lounge” al estilo neoyorquino donde una vez abandonado el ascensor de acceso, una barra de cristal ovalada en el centro y copas cual gotas de agua cristalina, cuelgan del techo. Sillones aterciopelados malvas, morados y verdes en forma de buñuelo con cojines, y pequeñas mesas de cristal, son el entorno donde suena música en directo y se reúnen caras guapas. Aparte los domingos se celebran coloquios sobre arte, gastronomía y literatura pago previo de 50 RMB.
Aunque visitar Shanghai, no tiene porque convertirse en un castigo para tu cartera sin sabor a China. Andar la ciudad es sinónimo de conocimiento y una vez conocido el distrito de Huang Pu que equivale a pasear por la calle Montaigne de París o la calle Serrano de Madrid exploremos ahora al Rabal barcelonés.
Experiencias gastronómicas exóticas en puestos ambulantes, sorteando bicicletas y baldes con cangrejos, tortugas y pescados, donde las tripas se limpian sobre la rúa y las entrañas del pescado compiten por ocupar la misma superficie que esputos con el consiguiente sobresalto de quien transita la calle por primera vez, es el paisaje de Wulumuqi Lu: la arteria de entrada desde Jin An hacia la concesión francesa.
Transitada a cualquier hora del día, llena de restaurantes donde elegir un plato se convierte en un juego entre tanta especialidad culinaria desconocida, es entonces cuando, aquello de que una imagen vale más que mil palabras se convierte en el único rasgo de decisión. Inmersos en la cultura visual, la mayoría de los establecimientos ofrecen instantáneas donde visualizar los platos donde los ingredientes forman un festival de colores: rojos, verdes y amarillos tintan los alimentos convirtiendo la decisión un juego de parchís donde no sabes que ficha llevarte a la boca. China es grande e igual de amplia y variada es su oferta culinaria. El norte se caracteriza por platos salados mientras el que el sur prefiere alimentos dulces, en el este los condimentos agrios y en el oeste los picantes.
Dos son los platos por excelencia de Shanghai es el “dongpo rou”, tiras de cerdo aliñadas con vino de Shao xing y “da zha xie”, cangrejos peludos servidos con salsa de soja, vinagre y jengibre y aliño de vino caliente nuevamente de la región de Shaoxing. La cocina de Sichuan también es muy célebre en la ciudad, imposibles de digerir sin ayuda de un ping Thing Dao, la cerveza china por excelencia dado el abuso de “hua Jiao”, guindilla. En los números 168 y 210 de Wu lu mu qi Zhong Lu, puedes degustar estas dos variedades.
Al recorrer toda la calle no dejas de toparte con puestos móviles de verduras, hortalizas, legumbres, flores y utensilios de menaje. Y un poco antes de llegar al cruce con Fuxing Lu, un pequeño mercado, cai chang, hace las delicias de los paladares más a atrevidos. Material freso, tan fresco como que está vivo; aquí encontrarás tortugas, rana, pescados, y carnes, que son matados en el instante para que te los lleves y los cocines. Otra opción durantes los fríos días de invierno son los puestos de ma la tang que, consiste en hervir verduras, hortalizas, bolas de pescado y carne en agua y posteriormente, a esa sopa se le añaden condimentos picantes. Y para los clásicos las bolas de masa hervidas, jiao zi y bao zi, rellenas o la pasta oriental: mian tiao. Todos estos menús cuestan menos de 10 RMB, dependiendo de la cantidad.
Hay dos modos de irse de comprar, el primero tirando de tarjeta de crédito en establecimientos con aire acondicionado y un dependiente a tu disposición o, con mucha paciencia, deambular y toquetear por mercados hasta hallar la prenda u objeto preciado.
La mayoría de las grandes marcas internacionales se encuentran en las calles y centros comerciales de Nan jing Lu y Huai Huai Lu, o el complejo turístico de Xin tian di que se compone de una serie de avenidas y construcciones de piedra simulando la antigua arquitectura china donde se alojan tiendas, centros comerciales, cines, restaurantes, bares y pubes. La segunda de las opciones está dispersa por la ciudad. Donde en un tiempo estuvo el mercado de Xian Yang (detrás de la boca de metro de Shan Xi) ahora hay un solar ocupado por ocho grúas. Pero aún así es fácil al caminar por la zona y toparte con personas que al grito de “Lady: watch and bags”, llaman tu atención. Si los sigues te llevan a unos pisos francos, de escaleras estrechas, 15 cm a lo sumo, y techos bajos. Una vez dentro, te muestran un escaparate de bolsos, carteras y gafas originales de las grandes marcas a precio mucho más asequibles que éstas. Las adquisiciones te la llevas en una bolsa de plástico, por supuesto, negra, para evitar que se descubra el interior. Las imitaciones baratas, de mala calidad que se ven sobre bicicletas oxidadas en pijamas de dormir, las encuentran en el mercado de Fengshan, en Nanjing Lu, o en el bajo de la parada de metro de Museo de Ciencia y Tecnología. Aunque si lo que quieres es moda china asequible, el lugar es el mercado de Qipu Lu, donde hay tres edificios de ropa en la intersección de Henan Lu con Qipu Lu. En el interior jóvenes shanghanienses en salones de manicura y peluquería; pegatinas, zapatos, maletas; cualquier tipo de artículo puedes conseguir entre estas paredes, incluso unos lunchacos a pesar de ser considerados en algunas partes de Europa, armas blancas. Dependiendo de tu habilidad para el regateo, puedes conseguir gangas por 20 RMB. Y en el exterior, bullicio y vocerío de mujeres que venden perlas falsas, hombres que te agarran del brazo para enseñarte su mercancía de imitación, niños en la calle haciendo acrobacias; este es un lugar donde aparte de comprar, el viajero descubre a aquellos que en cuanto tienen ocasión salen de China para montar sus almacenes.
Esta urbe que a principio del siglo XX era una pequeña ciudad de provincias, en la década de los años 20 y 30 fue morada y escenario sobre el que se asentaron los escritores de la Edad de Oro de la Literatura Moderna China. Las letras se estamparon por sus calles, y fue la escena de reunión de literatos con frescas y vibrantes influencias extranjeras que se reunieron en Duo lun Lu al norte de Sichuan Lu. Sobre ella pasearon Mao Dun autor de Zi ye (Medianoche), Lu Xun, Eileen Chang. Una estrecha circunvalación donde está prohibido el acceso de vehículos, y a sendas veras crecen árboles, lo que dota al paseo de cierta tranquilidad, idónea para leer, visitar las casas de escritores y sentarte en una Casa de Té, mientras corren los niños, pasean los ancianos o simplemente, el tiempo ajeno al desarrollo metalúrgico de la ciudad que brota a sus espaldas, se evapora. Al inicio de esta singular calle está el Museo Duo lun donde se exhiben interesantes trabajos de artistas contemporáneos. Y no muy lejos de allí, el Parque de Lu Xun que cuando despuntan los primeros rayos del alba, se reúnen octogenarios hábiles a practicar movimientos del arte milenario del tai-chi.
Aunque por defecto la capital del arte Chino es Beijing, Shanghai, tímidamente ofrece espacios para la promoción de nuevos creadores chinos. Al norte del riachuelo Su zhou, esta Mo gan shan Lu, donde puedes pasear y hablar con los artistas mientras esperan a que se seque su obra en lo que fuera un complejo industrial y ahora son más de una treintena de talleres y estudios donde es imprescindible asomarse para percibir las nuevas corrientes artísticas. Todos los sábados en uno de estos espacios, Bandu hay conciertos de música tradicional china. Buena ocasión para oír el di-zi (flauta travesera), la pi-pa (laud de cuatro ruedas) o el sonido celestial del gu-qin (viola de dos cuerdas). Todas las actuaciones son gratis, por lo que se recomienda llegar con tiempo suficiente si no quieres disfrutar de la armonía de los sonidos líricos chinos desde fuera del local, lo que supone perderse la dificultad con la que manejan los instrumentos donde el tono es más importante que la melodía, y antiguamente la equivocación podía significar la caída de una dinastía.
“Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones” No importa cómo viajes a Shanghai, sólo que la conozcas.

Y China se convirtió en una potencial amenaza para la paz

 Hacía muchísimo, mucho, muchísimo que no caía por aquí, sin embargo, el motivo lo merece. Mi querida China es una amenaza, dicen los miemb...